A quien corresponda
¿De qué sirve una estancia quinquenal en la Facultad del ramo si después llega un negociante, con ínfulas de periodista, que suelta impertérrito y sin que tiemble el misterio que “en la radio separar la opinión de la información es prácticamente imposible”? ¿Qué autoridad académica, ética y estética hay que tener para sentenciar semejante patraña? ¿Acaso el hecho de disponer de una importante audiencia permite sentar cátedra y acabar de un plumazo –o un microfonazo- con la necesaria separación de géneros periodísticos? ¿Qué respuesta de sus colegas radiofonistas, de las asociaciones y colegios profesionales de la prensa merece esa afirmación liberticida, que pretende arrumbar el derecho constitucional de la ciudadanía a la información? ¿Qué dirá el santo padre que vive en Roma, si bendice un tal Rouco la necia broma? ¿A quién dedicaría Violeta Parra sus versos de hace cuarenta y cinco años?:
Miren cómo nos hablan
de libertad
cuando de ella nos privan
en realidad.
Miren cómo pregonan
tranquilidad
cuando nos atormenta
la autoridad.
Miren cómo nos hablan
del paraíso
cuando nos llueven balas
como granizo.
Miren el entusiasmo
con la sentencia
sabiendo que mataban
a la inocencia.