Don Gerundio
Calculo que de gramática sé la diezmillonésima parte de lo que, en promedio, sepa la comunidad lingüística del español. Esto es, casi nada. Y lo que ya no haya aprehendido, aunque me esforzase en ello, será difícil que lo incorpore a mis hábitos literarios. ¿Y cómo se da uno cuenta de eso? Pues, por ejemplo, leyendo los usos incorrectos del gerundio aquí.
Efectivamente, como lector diario de periódicos, me he topado con muchos Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes. Este personaje de ficción es el protagonista de una novela del siglo XVIII del Padre Isla, en la que se pone en ridículo la moda de los oradores de la época que utilizan el gerundio profusamente con fórmulas barrocas y gongorinas, frases rebuscadas y sin ningún sentido.
En el habla cotidiana, sin embargo, el empleo del gerundio está tan interiorizado que, en mi opinión, se debe ser condescendiente con la gente. No así, por el contrario, con los que escriben en los medios de comunicación –y cobran por ello-, que tienen una responsabilidad mayor en el buen uso del lenguaje.
El desmesurado recurso del gerundio lo han criticado, curiosamente, escritores barrocos, e incluso académicos, cuyo nivel de prestigio es decididamente exagerado para la proporción de lectores que tienen.
La confusión más frecuente se da cuando se utiliza para una acción posterior a la del verbo. Por ejemplo, es incorrecta la expresión “Zaplana dejó la política, asentando sus reales en Telefónica”. Habría que decir que dejó la política y asentó sus reales…
Es ya archiconocida la anécdota de C.J.Cela, en el Senado de la transición, cuando afirmó que “no es lo mismo estar dormido que estar durmiendo, de la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.
Lo más curioso en relación con el gerundio lo leí el año pasado bajo este titular: “Brasilia prohíbe los gerundios”. La infomación trataba de que un alto cargo de la Administración brasileña había proscrito el uso de esa forma verbal para que los funcionarios públicos no la emplearan “como disculpa para la falta de eficiencia”. Y es que expresiones del tipo “estamos planificando”, “estamos preparando” o “estamos estudiando”, usadas habitualmente en el lenguaje administrativo, sirven a menudo como excusas para esconder la ineficacia. Es decir, el alto cargo incorporaba “la variable tiempo” en los escritos de los empleados. O lo que es lo mismo, no se le puede tomar el pelo a la ciudadanía, diciendo que se está “haciendo” algo cuando, con suerte, eso “se hará” en un futuro más o menos lejano.
Y así, utilizando los gerundios y saltando de párrafo en párrafo, llegamos al final para concluir: que cada cual escriba como quiera, pero a quienes se les pague por hacerlo, que vigilen su léxico, revisen la gramática y se sumen al propósito académico de limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua. Fray Gerundio se lo pagará.